Las familias de los desaparecidos: una víctima más
Durante décadas, la guerra civil española se ha estudiado a través de los hechos: los combates, la represión, las desapariciones forzadas, las fosas comunes o el exilio. Gracias a ese enorme esfuerzo historiográfico conocemos con bastante precisión cómo se ejerció la violencia y cuáles fueron sus consecuencias políticas y sociales. Sin embargo, una pregunta permanecía casi intacta: ¿qué ocurre psicológicamente con las familias cuando una pérdida nunca puede cerrarse? Responder a esta cuestión exige mirar el pasado desde un lugar diferente y es lo que ha hecho la investigación que resumimos.
Es interesante conocer la respuesta a esa pregunta desde la perspectiva española. En Argentina podemos hablar libremente de los daños políticos y económicos que dejó como secuela el auto denominado Proceso de reconstrucción nacional que asoló el país desde 1976 a 1983. Sin embargo hay una fuerte resistencia a tratar una de las más dolorosas secuelas de ese proceso que son los treinta mil desaparecidos. Frente a ellos una pregunta ineludible es por las consecuencias que sufren las familias y los deudos de los desaparecidos. Los autores de la investigación que mencionamos buscan precisamente respuesta a esta pregunta analizando testimonios de familias de desparecidos españoles generados por el régimen franquista. Exploran perspectivas que permiten comprender no solo el impacto del trauma y el duelo, sino también sus efectos en las relaciones familiares, la transmisión intergeneracional, la construcción de la memoria y las formas en que los acontecimientos no elaborados continúan actuando sobre las generaciones posteriores….. He aquí un resumen de sus conclusiones.
Heridas que permanecen abiertas y se transmiten a las siguientes generaciones
Los resultados confirman una idea fundamental: el paso del tiempo no basta para resolver una pérdida cuando esta nunca ha podido elaborarse. En miles de familias españolas no hubo un cuerpo que enterrar, un funeral que celebrar ni un lugar donde recordar a los muertos. Esa ausencia convirtió el duelo en un proceso suspendido, marcado por la incertidumbre y por la imposibilidad de integrar plenamente la pérdida en la historia familiar. Esta investigación revela que la intensidad del duelo se sigue relacionando estrechamente con síntomas de estrés postraumático incluso varias generaciones después.
Pero quizá el hallazgo más relevante no reside en demostrar que ese sufrimiento persiste, sino en comprender cómo se organiza. Un estudio más reciente de estos autores adopta una perspectiva distinta mediante el análisis de redes, una técnica de estadística orientada a modelizar y representar las relaciones entre un conjunto de variables. Es decir, en lugar de preguntar cuánto pesa cada síntoma por separado, analiza cómo se relacionan entre sí y cuáles actúan como ejes que organizan toda la experiencia emocional compleja. Los resultados muestran que la experiencia traumática y de duelo prolongado presenta un patrón de organización diferente según la disponibilidad de los restos mortales. Entre los síntomas psicológicos más presentes destacan los pensamientos intrusivos –recuerdos persistentes que irrumpen de forma involuntaria– y la hiperactivación fisiológica, ese estado de vigilancia constante característico de
quienes han vivido o heredado una experiencia traumática. Son estos elementos, más que la propia intensidad del duelo, los que estructuran el sufrimiento cuando la pérdida permanece abierta.
Distintas maneras de vivir el trauma
Entre quienes desconocen por completo dónde se encuentran los restos de sus familiares, el malestar psicológico aparece organizado alrededor de la intrusión y la hiperactivación. La incertidumbre permanente mantiene activo el trauma y dificulta que el duelo pueda transformarse en un recuerdo integrado. La pérdida sigue siendo una experiencia abierta, incapaz de encontrar un cierre emocional.
El panorama cambia entre quienes sí han podido recuperar los restos. El dolor no desaparece, pero su estructura psicológica es diferente. El estrés pierde protagonismo y variables cognitivas relacionadas con la elaboración del duelo adquieren mayor relevancia. La red emocional aparece más cohesionada, lo que sugiere que la posibilidad de identificar, enterrar y despedir al familiar favorece una reorganización del sufrimiento. No significa olvidar ni dejar de sentir la pérdida. Significa que esa pérdida deja de construirse exclusivamente alrededor de la incertidumbre para empezar a integrarse en una narrativa familiar donde existe un nombre, un lugar y un ritual de despedida.
Resumen de la noticia aparecida en The Conversation del 19-8-2026 que habla de la investigación realizada por Francisco Jorge Leira Castiñeira, Universidad Carlos III; Raquel Martín Ríos, Universidad Rey Juan Carlos que revela el impacto psicológico sufrido por los familiares (hasta la tercera generación) de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo.
Fuente https://theconversation.com/la-huella-de-la-muerte-el-duelo-prolongado-de-la-guerra-civil-y-el-franquismo-289251?utm_campaign=boletin-diario-39206&utm_content=boletin-diario-39206_es%7C15%7C39206%7Cbf5bee35&utm_medium=email&utm_source=braze&utm_term=La+huella+de+la+muerte%3A+el+duelo+prolongado+de+la+Guerra+Civil+y+el+franquismo
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