Para plantear las cuestiones que nos adolecen recordemos, que históricamente cuando aparecen los estados nación y pretenden vivir democráticamente, una de las garantías para su funcionamiento era que existiera una constitución. Una constitución es una ley que es fundamento y sostén de todas las demás leyes que puedan dictar los representantes del pueblo y que representa el espíritu de una nación, su marco de convivencia. Esto significaba entonces y por ahora sigue significando , que los habitantes de una nación para consolidar un estado democrático establecían una ley fundamental, que servía de cimientos y base de la nación y que las autoridades juraban respetar.
Nuestra constitución fue reformada varias veces, pero que yo sepa no lo ha sido por este gobierno. De modo que todavía tiene vigencia el preámbulo de la misma que pone de manifiesto el espíritu que la anima cuando sostiene en uno de sus párrafos que su objetivo es. “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Pareciera que quienes nos gobiernan en la actualidad no caen en la cuenta de que son perjuros, que no respetan la palabra dada y el juramento formulado al asumir sus funciones. No solo son perjuros sino infieles: cuando buscan destruir la unión nacional generando una grieta cada vez mayor entre trabajadores y empresarios, ricos y pobres, educados e ignorantes, sanos y enfermos. Cuando desfinancian la justicia, la salud, la educación, la ciencia y con ello no promueven el bienestar general sino los privilegios y el enriquecimiento de unos pocos; cuando no garantizan la libertad de opinar, de trabajar, de reclamar a las autoridades para poder mantener la salud, trabajar y educarse; cuando se olvidan de proteger y cuidar nuestra rica tierra y todo lo que ella nos brinda ofreciéndola como moneda de intercambio a quienes dominan al planeta con sus riquezas.
Pero sobre todo no cumplen su juramento, cuando expulsan a los extranjeros fomentando la violencia y promoviendo leyes discriminatorias. Al hacerlo están negando el espíritu fraternal que inspiraba a nuestros mayores cuando abrían las puertas de nuestro país a “todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
Debemos despertar argentinos y rechazar la discriminación a los extranjeros cualquiera sea su color, creencia u origen. Debemos alzar nuestra voz y nuestras banderas para poder seguir siendo fieles a nuestro espíritu solidario y fraterno con todos los que quieran venir a engrandecer nuestra patria.
María Luisa Pfeiffer
Presidenta
Sociedad Argentina de Bioética y Derechos Humanos